Un día sin mujeres

¿Qué pasaría en Córdoba si todas las mujeres de la ciudad realizaran un paro de actividades por 24 horas? Imaginar una jornada sin ellas permite confirmar el rol fundamental y estratégico que hoy tienen en la sociedad.

La amenaza finalmente se concretó. Las 732.308 mujeres que viven en ciudad de Córdoba decidieron iniciar un paro de actividades por 24 horas, y se concentraron en las instalaciones hoteleras de Embalse de Río Tercero, en Calamuchita. Obviamente no alcanzaron las plazas para albergar tantas personas, así que toda la capacidad hotelera del valle está abarrotada.

¿Los motivos? Dicen los analistas que las más extremistas se cansaron de que a la rectora de la UNC, Carolina Scotto, le pregunten “qué se siente ser la primera mujer que logra ese puesto”, o que la consulten por cada par que logra acceder a un puesto importante de mando. Por otro lado, impulsan el final de la calificación “sexo débil”.

Hora 0. El paro comenzó. El control remoto reposa en las manos del hombre, esperando ansioso que comience un partido de fútbol en Timor Oriental.

Sin embargo, un leve escalofrío se hace presente. Minutos después, comienza a sentir más frío. “Seguro es fiebre”, piensa, pero luego de una intensa búsqueda del termómetro, se dirige hasta el teléfono para llamar al servicio de médicos a domicilio. Pero no recuerda cuál es el número de emergencias, ni siquiera qué servicio de emergencias tiene. Aunque si lo supiera, de poco serviría ya que todo el sistema de salud se encontraría al borde del colapso ante la falta de las mujeres, que conforman el 41 por ciento del personal sanitario de la ciudad.

Hora 2. La fiebre no afloja. El hombre decide comprar algún tipo de medicamento a la farmacia de turno, ya que no recuerda bien cuál es el adecuado para bajar la temperatura. Pero allí hay un cartelito que dice cerrado. Se dirige a otra: cerrado. Otra farmacia: cerrado. La explicación es simple: el 78 por ciento de los farmacéuticos cordobeses es mujer. De ser esta historia real, la ausencia femenina afectaría, además, a toda la cadena de producción medicinal.

Hora 6. La temperatura bajó un poco. Y ahora debe despertar a sus hijos porque el transporte escolar pasará en pocos minutos. El desafío de encontrar la ropa se convierte en una tarea titánica. No recuerda siquiera si el colegio al que van sus hijos les obliga llevar uniforme.

Sumado al dilema, el tiempo pasa y la combi no aparece. Su cabeza se acelera y recuerda que más del 25 por ciento de los transportistas es mujer.

Hora 8. Taxi mediante, el hombre llega a la escuela y se encuentra con un panorama crítico. Cientos de padres con sus hijos circulan desesperados por aulas completamente vacías, porque el cuerpo docente de la ciudad está compuesto en un 83 por ciento por mujeres.

Hora 9. Por razones de presupuesto, el hombre camina hacia la parada del trolebús. Pero al llegar, decenas de personas forman una interminable cola esperando un “trole” que no va a pasar. Seguramente es uno de los 37 mil pasajeros que por día se trasladan por ese sistema de transporte, conducido en su totalidad por mujeres.

Los barrios más afectados son Mariano Fragueiro, Alta Córdoba, Cofico, Nueva Córdoba, Ameghino, Güemes, General Paz, Juniors, San Vicente, Alberdi y Pueyrredón.

Hora 10. Acompañado por sus hijos, el hombre recuerda que debe realizarse una extracción de sangre para unos exámenes de rutina. A pesar de la hora, el estómago le avisa que no tomó el desayuno. Así que va al laboratorio. Cuando llega, un cartelito cuelga de la puerta con la siguiente leyenda: “Adheridas al paro”. El 81 por ciento de los bioquímicos es mujer.

Hora 12. Pese al incipiente caos, el hombre intenta mantener la calma. Por los motivos ya conocidos, él es el encargado de cocinar, por lo que se conduce a realizar las compras. Ante el bombardeo de marcas y variedades, opta por una caja de hamburguesas y cuatro panes que se convertirán en el menú del almuerzo. Sin embargo, en las góndolas falta todo tipo de productos, desde alimentos hasta pasta dental. En la radio, un locutor informa: “El desabastecimiento que afecta a la ciudad tiene su origen en que el 41 por ciento de los ingenieros químicos, personal indispensable en la elaboración de alimentos y elementos de limpieza, es mujer”.

El problema se agrava por un ejército de obesos desesperados por abandonar la dieta por un día. Están fuera de control, porque las mujeres son el 97 por ciento de los nutricionistas.

El hombre consigue la última caja de ravioles de pollo, pero la cola del supermercado es interminable. Todos los hombres se quejan porque no hay personal suficiente en las cajas. El 55 por ciento de los empleados de comercio de la ciudad es mujer.

Hora 14. Ya pasó la mitad del paro, y el hombre recuerda tres datos importantes. El primero, no se dio la tradicional ducha matutina. El segundo, está utilizando zapatos negros, medias blancas, pantalón verde, cinto gris y una camisa azul. Y el tercero, que todavía no fue a trabajar.

La desesperación empieza por otro dilema: ¿con quién dejar a los chicos, si las 60 mil empleadas domésticas están en Embalse? El pragmatismo masculino pergeña una solución: dejarlos solos, bajo el cuidado del hermano mayor. El hombre sabe que eso le puede costar muy caro cuando su mujer lo sepa.

Hora 15. Llega tarde a la fábrica, pero la situación en el lugar también es desastrosa. Si bien la parte fabril funciona, la parte administrativa no, ya que el 60 por ciento del personal es mujer.

Hora 16. El jefe suspende las tareas, por lo que el hombre se dirige a realizar algunos trámites municipales para ganar tiempo. Pero en el Palacio 6 de Julio todas las áreas están resentidas.

Esta vez el Suoem nada tuvo que ver: no decretó asambleas sorpresivas. Las demoras se producen porque el 50 por ciento del personal municipal es mujer.

“El sistema está caído”, grita un empleado, echando más leña al fuego. Y seguirá así por el resto del día porque los ingenieros en sistemas no dan abasto con el trabajo. El 34 por ciento no se presentó a trabajar, por estar adherido al paro.

Hora 17. Al salir de la Municipalidad, el hombre nota que cientos de personas están agolpadas frente a Tribunales. Por curiosidad, se acerca y observa un verdadero motín allí dentro.

Todos los empleados están desbordados, los jueces corren despavoridos por los pasillos y los fiscales no dan abasto para cubrir todos los distritos de la ciudad. El 64 por ciento de todo el personal del Poder Judicial no se presenta a trabajar por ser, justamente, mujer.

Hora 19. Tanto caos comienza a despertar entre los hombres una serie de brotes psicóticos y neuróticos. Entre tanto desmadre, los que padecen de trastorno obsesivo compulsivo intentan desesperadamente imponer algo de orden. Los chicos hiperactivos corren desaforados por las calles.

Hoy, la psiquis no tiene tratamiento. Las mujeres son el 86 por ciento de los psicólogos, el 99 por ciento de los psicopedagogos y el 98 por ciento de los psicomotricistas.

Hora 21. La huelga ingresa en sus horas finales y ha sido un éxito. Otro claro ejemplo es que Córdoba no puede ya denominarse “La Docta”: la ciudad universitaria es un pueblo fantasma, ya que el 61 por ciento de los estudiantes y el 51 por ciento del cuerpo docente son mujeres.

Hora 23. Sólo falta una hora para que las mujeres vuelvan. Entre ellas, corre la sensación de una victoria aplastante: la rectora Carolina Scotto ya no será nuevamente consultada sobre el haber alcanzado su puesto. Y finalmente, la calificación de género según una supuesta fortaleza o debilidad, se convertirá en un arcaísmo.

Por Diego Marconetti

La Voz del Interior

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